viernes, 6 de diciembre de 2013

Bailando al son de la resignación.

“El cierre de una linda carrera tiene que ser algo feliz, porque es un momento de alegría y quiero cerrarlo con un moñito rojo; no veo la hora de que pase”, le decía la primera bailarina del Teatro Colón, Silvina Perillo, a su amiga, mientras desempacaba sus pertenencias en el camarín. Era un domingo 8 de septiembre a las tres y cuarto de la tarde; en poco menos de dos horas empezaría la función de Don Quijote, el cierre, su última Kitri, su despedida del Teatro Colón.


La nostalgia inundaba su ser y una sonrisa bailaba en su rostro al compás de sus ojos. Elongando en el piso y con ayuda de una silla para estirar aún más las piernas, recordaba aquel 7 de agosto de 1975 cuando entró por primera vez al estudio de Wasil Tupín y Mercedes Serrano, lugar al que llegó por la recomendación que el portero del teatro le había hecho a su madre.


-Ellos me educaron con el ejemplo, me inculcaron que hay que trabajar diariamente y la importancia de la humildad porque, me recordaban, en esta carrera siempre se está aprendiendo. Me formaron para estar en el lugar en el que estoy, son los que marcaron mi técnica, mi forma de bailar, mi seguridad en el escenario, todo.


Gracias a ellos, con sólo 10 años de edad, participó en Isadora, la obra de Maurice Bejart, que en ese momento estaba protagonizada nada más ni nada menos que por Maya Plisetskaya, a quien admiraba descomunalmente.


Ya con 45 años, “desde que entré al Ballet sabía que este año iba a ser mi retiro”.


********************


Chassé, plié, passe, glissade, jeté, quinta posición, cuarta de brazos son algunas de las palabras o frases que se pueden escuchar en una clase de danza clásica. El ballet tiene sus orígenes en la Francia del siglo XVII como consecuencia de las excentricidades del rey Luis XIV. De ahí que su vocabulario reside en el idioma francés.


Requiere del control absoluto del cuerpo, así como también de una disciplina totalmente comprometida, concentración y actitud. La exigencia física abunda en su contenido, por eso es recomendable empezar con esta técnica desde una edad temprana.


Se combinan movimientos de manos, brazos, tronco, torso, cabeza, pies, rodillas; todo el cuerpo en una conjunción simultánea de dinámica muscular y mental que debe expresarse en total armonía. Desplazamientos, saltos, levantadas, simples pasos, equilibrios, elevaciones y contracciones musculares actúan entre sí.


Con el correr de los años se fueron ramificando nuevas escuelas que se vieron influenciadas entre ellas con ínfimas variaciones técnicas en sus pasos: la italiana, la danesa, la rusa (con la técnica Vaganova), la americana, la cubana, son algunas de las más mencionadas en el mundo de la danza.


********************


Lucía era una bailarina de ballet de 20 años de edad. Hacía sólo unos meses había entrado a una compañía en Rosario, su ciudad. Las audiciones para los personajes estaban cerca. Este año presentarían La Bayadera, y ella estaba decidida a interpretar a Nikiya, la principal.


Alta, muy alta, de torso amplio y cabellos rubios, se había estado formando con distintos maestros a medida que la pubertad la alcanzaba. Su educación secundaria había sido trasladada a un segundo plano a escondidas de sus padres. Nadie entendía bien cómo, pero ella había decidido rendir todas las materias libres sin comentarlo en su casa. Hasta el día de hoy, aún debe cinco; pero la tiene sin cuidado. Su objetivo se centraba en conseguir el papel.


Según la Escuela Psicoanalítica, uno atraviesa un largo proceso de búsqueda del deseo cuando debe decidir qué hacer con su vida. Ese deseo puede satisfacerse con la combinación de aptitudes, actitudes e intereses. Cual libro de receta, la combinación de estos tres ingredientes permiten tener como resultado una decisión propia a la hora de elegir una vocación.


Lucía había empezado sus estudios a los 8 años, sin dudas tenía técnica; se había formado en ese ambiente, por lo que sabía perfectamente cómo moverse; y su pasión por el cuerpo en movimiento crecía cada vez más: posters de bailarinas, obras clásicas para escuchar en su celular, videos de distintos ballets guardados en la pestaña de Favoritos de su computadora y horas y horas de clases particulares. Ella era la mejor.


Justo cuando creía que nada ni nadie se interpondría en su camino, una de sus compañeras confiesa que también quiere desempeñarse en el rol de Nikiya. Una contrincante alta, aunque no tanto como ella, de proporciones más chicas, huesos aparentemente más pequeños. La veía ensayar y sus nervios cobraban vida propia. No podía soportar ver como otra persona bailaba su pieza. Lo peor de todo, era talentosa.


********************


Silvina Perillo realizó toda su carrera artística en el Teatro Colón. Se destacó en casi todos los papeles de las obras clásicas y neoclásicas. La invitaron a bailar en diversas galas internacionales y festivales, como el de La Habana y Miami. Desde 1994 hasta hoy, se consagró como primera bailarina en todos sus roles.


Siempre se la destacó por su frescura, humor y humildad. Muy querida por sus compañeros, se dedicaron organizarle una gala homenaje en el ND Ateneo para despedirla como una gran bailarina se merece: bailando, pero esta vez, sólo para ellos. Le tocó acompañar con su cuerpo la melodía del tango Se dice de mí, por Tita Merello.


Perillo tenía vocación. Nunca dudó sobre su futuro. Ella sabía desde los diez años que sería bailarina. Vivía para eso y por eso.


-Siempre soñaba con ser “bailarina del Colón”, no quería otra cosa. Para mí el teatro era mágico, y así lo sentí cuando entré al Ballet. Había respeto, había una mística.


Desde sus comienzos, la primera bailarina había sido reconocida a nivel nacional e internacional de distintas formas. En los noventa ganó la medalla de oro en el Primer Certamen Latinoamericano de Buenos Aires y la medalla de bronce en el New York International Ballet Competition. En el 99 se la consagró con el premio “Mujeres Atrevidas” y el “Konex” al mérito: se la había elegido como una de las cinco mejores bailarinas de la década.


Las compañías extranjeras no tardaron en notarla. En el año 2002 fue invitada a participar en el Festival Internacional de la Habana para bailar el Don Quijote completo junto al BNC. Asimismo, estuvo como primera bailarina en diferentes países de América y Europa.


Ese mismo año, todos los cronistas argentinos especializados en danza clásica le otorgaron el premio a la Mejor Figura de la Danza.


De ahí en adelante, continuó siendo reconocida e invitada por grandes compañías internacionales como el Richmond Ballet, y galardonada con innumerables premios.


********************


Existen distintos tipos de ballet. Uno de ellos es el Romántico. Centrado en un amor inalcanzable, no correspondido, en el que lo imaginario y lo sobrenatural toma protagonismo en reinos lejanos. La imagen pasiva se convierte en un objeto idolatrado para los románticos empedernidos. Para representar estas obras se utilizaba el tutú romántico, lánguido y largo, a veces, podía llegar hasta los tobillos; dando una sensación de sencillez y añoranza. Más adelante, gracias a las obras de Edgar Degas, surge el tutú Degas, el cual no pasaba la línea de las rodillas. En el estilo romántico aparecen obras como "La Sylphide" y "Giselle".


Por otra parte, está el Ballet Clásico. En él se refleja la extravagancia de las cortes imperiales. Su finalidad principal es resaltar la perfección, la técnica exquisita. Las bailarinas tienen un aspecto rígido, casi como estatuas. Se visten con tutú clásico o plato. Las coreografías se dividían en tres etapas: el pas de deux o adagio, las variaciones solistas de los bailarines principales y el pas de deux final o coda. Entre las obras de ballet clásico se encuentran "Coppélia", "La Bella Durmiente", "El Lago de los Cisnes" y "El Cascanueces".


Finalmente, se encuentra el Ballet de Diaghilev. Este estilo fue inventado por el ruso Mikhail Fokine que colaboró con Sergei Diághilev, un coordinador de músicos, coreógrafos, compositores y diseñadores con los que creaba obras maestras. Este estilo es menos rígido, son de un solo acto y utiliza hombres y mujeres por igual. Famosas representaciones del estilo de Diaghilev son "Petrushka", "Les Sylphides", "Le Spectre de la Rose", "Firebird", "El Rito de la Primavera" y "L'Après-midi d'un Faune".


********************


Lorena estaba llegando a su cuarto de siglo y hacía tres años atrás equipó una de las habitaciones de su casa con barras y espejos para poder dar sus propias clases de danza. Había hecho el magisterio en la Escuela Nacional de Danza N°2 “Jorge Don”. Una vez recibida, a los 18 años entró al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Su intención era perfeccionar su técnica y, así, ingresar al ballet estable.


Los primeros meses de clases fueron agobiantes, y más aún porque ella estaba en el CBC para la carrera de Comunicación Social. Para los papás de Lorena, obviar los estudios universitarios no era una posibilidad. Necesitaba “asegurar su futuro”, pero ella tenía sólo dos cosas en su cabeza: el escenario y bailar. De trabajar, ni hablar. No había tiempo para eso, apenas sí para el estudio.


Las exigencias físicas no aflojaban, al contrario, aumentaban clase a clase. La lucidez mental estaba abocada en sus apuntes: páginas, páginas y más páginas de Sociedad y Estado, Marx, Historia de la Civilización, Psicología y algún que otro tema más. Estaba agotada. Sin embargo, tenía que hacer las dos cosas. Una era obligación; la otra, pasión.


********************


Lucía era también una aficionada a la lectura, y como su hermana era de coleccionar libros, cada tanto agarraba uno de su biblioteca para distraerse. Necesitaba sacarse de la cabeza a esa Nikiya de segunda. Tenía que abandonarla para crear la suya, una mejor.


Empieza a rastrear las estanterías hasta que se encuentra con “Cielo Latini, Abzurdah” –la última palabra en un rojo furioso-. Una “Z” y una “H” en donde no tienen que estar, ¿por qué? Un sacapuntas con sangre decoraban la tapa, y la palabra, “absurda”, le recordaba indefectiblemente a su contrincante. Ya está, ése era.


Trescientas páginas que devoró en un día. Una adolescente que en su infancia había sufrido por estar excedida de peso, se había convertido en un híbrido entre la anorexia y la bulimia. Enamorada de un Alejo un tanto mayor, se inmerge en una psicosis incomprensible, drogas, auto-flagelaciones e intentos de suicidio. El testimonio de una autora que experimentó el mismísimo infierno pero que, aun así, vive.


El libro estaba lleno de detalles, muchos detalles y muy descriptos, quizás demasiado. “Ella vivió, se curó”. Apenas guardó el libro, su mente le personificó a Nikiya. Su cara estaba ahí, pero su cuerpo era el de su adversaria. Sabía que no podría encoger su tamaño, pero el leve (muy leve) exceso de grasita que aparecía debajo de su ombligo podía desaparecer. No estaba gorda, y mucho menos loca.


-A mí no me va a pasar eso. Puedo vomitar después de comer hasta bajar un poco de peso, después, paro sin problemas.


El comedor estaba en la planta baja; el baño, en el primer piso. Sus papás no se iban a enterar.


********************


Todavía faltaba una hora para dar sala y Silvina quería ver el gran escenario desde el último asiento de la platea. Las butacas, los palcos, las arañas de luces, el telón, todo le hacía recordar a sus primeros días en el Colón. Imaginaba la sale repleta de gente y el comienzo del primer acto. La primera bailarina estaba saliendo a escena por primera vez. Un Colón en el que “se respiraba magia e historia, el saber que estaba en un lugar donde habían actuado los grandes.”


Según Rodolfo Bohoslavsky, uno de los autores intelectuales de la modalidad clínica en orientación vocacional, detrás de cada sí hay un no. Sentada al borde de la sala, Silvina creaba una hija que nunca había llegado. La pequeña estaba en la primera fila con su rodete bien peinado viendo bailar a su mamá y, al terminar la función, ella, desde el escenario, le tiraba un beso que la niña recibía con mucho amor.


Ella y su marido querían tener hijos, pero ambos sabían que con una bailarina profesional de por medio eso sería imposible. La danza era toda su vida y José Luis Fiorruccio, diseñador de iluminación de más de 55 óperas y 35 ballets formado en el mismo Teatro Colón que su mujer, era el mejor para entenderlo. La pareja creció en ese escenario, su mentalidad estaba entrenada. Habían tomado una decisión.


Silvina se puso de pie mientras la función se desvanecía junto con la gente y su nena, y retomó el camino de vuelta a su camarín. En treinta minutos se daría inicio a su última función. Tenía que hacer los estiramientos finales. Con una tristeza imperceptible, otros recuerdos la alcanzaron: el cierre del teatro en el 2006 la acechaba y, con él, los peores momentos. Las refacciones se tomaban con poca seriedad. Debido a la reducción de personal, gente muy valiosa quedó fuera del staff, profesionales de largos años; eso le había dolido mucho. Salas históricas de ensayo habían sido arruinadas. Los pisos fueron modificados y reemplazados por otros que no eran los más adecuados para bailarines. De las tres salas que disponía el Ballet Estable para sus ensayos, solo una, la 9 de Julio, quedó en excelente estado; las otras dos, inutilizables. Bajaron en techo de “La Rotonda” con paneles aislantes para que no se filtre el sonido de los músicos afinando sus instrumentos en el piso de arriba. “Reforma” totalmente innecesaria y vana; “se escucha exactamente igual y ya no podemos hacer más levantadas”. La última, “La Filarmónica”, quedó inutilizable por no poder realizar saltos en el piso nuevo.


-Antes éramos como una gran familia, nos conocíamos todos, desde el utilero, el de maquinaria, el de iluminación, el que te alcanzaba una guitarra. Ahora entrás y no conocés a nadie.


El ISA (Instituto Superior de Arte) también desapareció del Teatro; ahora se cursa en edificios externos.


-En mis épocas del Instituto teníamos los salones dentro del teatro. Nos cruzábamos en los pasillos con los bailarines de la compañía y, para nosotros, ¡eso era grandioso! El estar en contacto con los bailarines profesionales es parte de la formación.


Con respecto a los directores de turno del Teatro, en varias ocasiones parecían valorar más a los artistas que triunfaban en el exterior que a los de su propia casa.


El Colón se veía y se sentía otro. “Aunque en el momento en que se abre el telón todos tratemos de ir para el mismo lado, antes había más mística y respeto”.


********************


En las clases de Psicología había un chico que no paraba de mirarla y, a Lorena, ya le empezaba a gustar. Cuando llegó la hora de volver a casa para algunos y de prepararse para ir al instituto para ella, se escucha: -Soy Axel-. Al levantar la mirada encuentra una par de ojos verdes queriéndole hablar. Lorena le devuelve la presentación y le explica que se tiene que ir mientras abandona el edificio con una sonrisa en la cara.


La clase de danza la agarró un tanto dispersa. Había dormido poco por quedarse estudiando y el nombre Axel bailaba en ecos en su cabeza. Por fin se terminaba el día, y cuando prendió la computadora en su casa: “Axel Coval te ha enviado una solicitud de amistad”. El nuevo fenómeno del Facebook estaba rindiendo sus frutos. El botón de confirmar no se hizo esperar.


Axel y Lorena empezaron a salir al poco tiempo. La dedicación al estudio y a la danza debía racionar sus porciones para donárselas al novio. Las calificaciones empezaron a decaer, al igual que sus ganas en las clases del instituto. Notaba que se estaba estancando en la técnica. Los reproches por parte de sus padres la alcanzaron sin titubear. Las ausencias comenzaron a ser muy comunes en las clases de ballet por parte de la joven estudiante, hasta que no hubo otro remedio más que abandonar el ISA y tomar clases de forma no tan constante. Sus notas empezaron a subir y la relación con Axel creció.


Hoy, Lorena es licenciada en Comunicación Social y Axel, en Psicología. Ambos viven juntos. Ella da clases de danza en su casa a iniciales y él tiene su consultorio. Luego de largas conversaciones, están buscando su primer hijo.


********************


En 1832, un acontecimiento inesperado en la Ópera de París revolucionaría el mundo de la danza. Marie Taglioni sería la primera bailarina en subirse a la punta de sus pies para bailar. Su padre, Filippo Taglioni, le había creado unas zapatillas especiales para aguantar el peso de su cuerpo sobre la yema de los dedos de sus pies en el ballet “La Sylphide”. Así nacieron las chaussures de pointe (zapatillas de punta).


Las puntas son zapatillas especiales que las bailarinas comienzan a usar cuando poseen la fuerza requerida en los músculos del pie y la pantorrilla. Al principio, sufren de un intenso dolor en los dedos y articulaciones, pero con los años van adquiriendo mayor fuerza y conocimientos que hacen que sus pies se fortalezcan y acostumbren a esta nueva técnica.


Los ejercicios en la etapa inicial de las puntas son simples, limitándose a hacer relevé (pararse sobre las puntas de los pies) y siempre con la ayuda de la barra. Una vez superada esta instancia, empiezan los pasos más complejos, como piruetas y saltos sobre las puntas.


Existen diferentes tipos de zapatillas de punta, que provienen de distintos lugares del mundo. Rusas y estadounidenses son las más conocidas. Cada zapatilla se adapta a las distintas necesidades y capacidades de las bailarinas, como el arco, la fuerza del empeine, la flexibilidad del pie, entre otras.


********************


El día de la audición llegó y hacía dos meses que Lucía ingería líquidos y vomitaba lo que comía. Había bajado de peso, sí, pero su piel era tan blanca como su malla y su aspecto, tan frágil como la figura de una bailarina de porcelana. Ella fue la primera en llegar. La segunda no podía ser otra que su rival. Muy predecible, casi obvio. A pesar de ser la única en el vestuario, ni la registró. Eso a Lucía la sacaba de sus cabales. La miraba de reojo mientras ella sacaba el uniforme de la compañía de su bolso con indiferencia. Casi sin avisar, “la otra” se aleja para ir al baño, dejando sus zapatillas de punta sobre la silla. El par estaba ahí, llamándola. Nunca se habría imaginado encontrándose en una situación como esa, pero no lo dudó. Rápidamente agarró dos agujas que tenía guardadas para cocer su vestuario y colocó una dentro de cada zapatilla. No habría forma de que pueda ganarle.


El resto de los compañeros cayeron al lugar uno por uno. Lucía no se estaba sintiendo bien y tenía hambre. Mucha hambre. Su estómago sonaba y no la dejaba concentrarse. El momento de entrar al salón había llegado. Ya con la vista algo borrosa observa a la segunda Nikiya tomar sus zapatillas y dirigirse al gran salón. Inmediatamente se lanzó tras ella, no quería perderse el momento en que se calzara esos afilados metales. Al levantarse con velocidad sintió un mazazo en la cúspide de su cabeza. Comenzaba a marearse y su vista seguía nublándose, pero la verdadera ceguera era su ambición.


La vio prepararse en el piso para ponerse las zapatillas. La primera aguja falló en su misión cayendo al suelo y la segunda la retiró con la mano después de encontrarla al acomodar la puntera. Lucía estaba un cien por ciento desconcertada. Aún no lo podía creer. ¿Cómo pudo? Dos oportunidades tenía. Ninguna acertó. La rabia y el calor usurpaban su cuerpo de pies a cabeza. Una presencia fantasmal oprimía su pecho y no la dejaba respirar. Sus tripas bailaban la jota aragonesa en la zona abdominal, los brazos era receptores de una electricidad impresionante con una serie de calambres. “La otra” se paró sobre sus puntas como si nada y Lucía, sin poder retenerlo, dejó escapar un grito desgarrador que confesaba su crimen por sí solo. Inmediatamente, se desmayó.


Horas más tarde despertó en un hospital. No sabía cuál. Su mamá estaba dormida a su lado y se hermana acababa de entrar en la habitación. Nikiya tenía un cuerpo y un rostro, y ninguno era el de ella.


********************


Eran las cinco y cuarto de la tarde. Los bailarines estaban en sus puestos, las luces de la sala completamente apagadas y ni una butaca vacía. Entre el público estaban Lucía, en proceso de recuperación, y Lorena con Axel, que había ido obligado. $620 habían salido sus entradas, pero valía cada centavo y cada gota de sudor para recaudarlos.


Ambas se imaginaban al Quijote confundiéndolas con la deslumbrante Dulcinea. La rosarina había abandonado la compañía porque sus huesos habían perdido la fuerza suficiente como para romperse ante cualquier golpe brusco.


La plaza y la taberna del primer acto estaban en escena, Silvina esperaba tras bambalinas mientras besaba sus manos, su esposo estaba en el palco controlando que las luces la siguieran a la perfección. El escenario se iluminaba y el telón comenzaba a subir. Las palpitaciones aumentaron. Aplausos y ovaciones bañaban el Teatro Colón. Kitri salía a escena con una sonrisa, su abanico, corsé negro y tutú degas con volados amarillos. A Lucía se le escapaba una lágrima por libertad condicional, Axel se sorprendía por la puesta en escena y Lorena le dirá esa noche a su novio que está embarazada.






Consulta profesional: Alexander Covalschi

No hay comentarios:

Publicar un comentario